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Adopción |
Carácter del dálmata
Por su naturaleza cariñosa, es muy afable con los amigos, sobretodo con aquellos que habitualmente frecuentan la casa, sin que por eso olvide la diferencia entre el amo, los componentes directos de la familia y los amigos que visitan de forma más o menos periódica.
Sus hábitos de limpieza forman parte de su carácter, hasta el punto de que si uno de estos animales viera obligado a vivir en condiciones que no le permitieran un cierto grado de limpieza, automáticamente pasaría a ser un perro muy desdichado. El comportamiento que se observa en determinadas situaciones es revelador de la forma en que valora la limpieza. Si, por ejemplo, se encontrara en un lugar embarrado totalmente a causa de la lluvia, primero observaría con rapidez su entorno para después encaminarse hacia su destino siempre por el lugar que le permitiera ensuciarse menos. Una vez finalizado el recorrido, lo primero que haría sería limpiarse, de un modo que recuerda en cierta manera al de los gatos. Sólo quedaría satisfecho en el momento en que hubiera recuperado su limpieza tradicional. Esta cualidad no se da en un grado tan acentuado en ninguna otra raza canina.
En su comportamiento con los niños también puede considerarse un perro ideal. Una de sus máximas virtudes es la extraordinaria paciencia que demuestra, absolutamente necesaria para una convivencia continuada. Suele compartir sus juegos y puede llegar a molestarse si, por ejemplo después de haber jugado a pelota con él durante bastantes días seguidos, un día descubre que hemos olvidado invitarle a participar. Por otra parte, demuestra una gran inteligencia en su capacidad de comprensión de las situaciones familiares graves que nos puedan impedir mantener la rutina que se haya impuesto en la relación entre el perro y los integrantes de la familia.
Es un perro dotado de excelentes cualidades, que correrá a nuestro lado cuando decidamos salir en bicicleta con la idea de hacer algo de ejercicio, o nos acompañará en la práctica de la equitación, pues es indudable que al Dálmata una de las cosas que más le gustan es correr junto a un caballo
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Las cualidades psíquicas que hacen que este singular perro comparta las aficiones deportivas de su amo han hecho que progresivamente se le haya incluido en gran cantidad de pruebas, entre las que destacan muy especialmente las de agility, para las que parece estar psíquicamente muy dotado.
De la época de las diligencias conserva el gusto de correr durante horas sin fatigarse y un instinto de guardián celoso sin ser agresivo. Es un animal que busca la comodidad y le gustan los sillones y las camas blandas. Nunca se acuesta directamente sobre el suelo si puede evitarlo y es curioso ver que si no tiene algo blando donde reposar, busca aunque sea una hoja de periódico para echarse encima. Como es limpio por naturaleza, nunca ensucia el lugar donde descansa, come o bebe.
No os engañéis por su aire angelical. Es disuasivo e impresionante. Ladra con voz fuerte para prevenir la llegada de un extraño y, si se le provoca, no dudará en mostrar los dientes a los intrusos y atacar cuando el peligro sea real. Pero su agresividad no se muestra igual con todo el mundo: con los niños, por pesados que sean, antes retrocede que hacerles daño y no deja de vigilarlos con ojo avizor.
Fiel como una sombra, tiene una gran necesidad de la compañía del hombre. No es perro de uno solo dueño: para él todos los miembros de la familia son sus dueños, pues es una raza muy sociable que busca continuamente el contacto con los humanos. Tantos siglos conviviendo con los seres humanos dentro del hogar han marcado su carácter. Por tanto, no intente hacerle vivir en una perrera y menos atarle con una cadena. El Dálmata, si ha sido bien educado de pequeño, sabe cómo debe comportarse. Gracias a su gran memoria e inteligencia aprende rápidamente, y lo que aprende no se le olvida. Por otra parte, hay que tener en cuenta que su pelo corto no le protege del frío ni de la humedad. En cambio, le encanta el calor. Mientras que la mayoría de las otras razas huyen del sol veraniego, al Dálmata le gusta solearse como si fuera un turista nórdico.
Dulce, calmado, sereno y soñador, jugador y juvenil, es el cómplice y el amigo de los niños, tanto de los pequeños como de los más grandes, con los que comparte los juegos, las palabras dulces y afectuosas, y las caricias.
Con los más pequeños es de una tolerancia rara y su carácter sociable, pacífico y franco se demuestra igualmente con sus congéneres caninos.
El dálmata es muy obediente, pero siempre actúa por gusto, no por complacer al dueño. Para él, obedecer es un placer, no una obligación. El Dálmata no tiene tendencia a fugarse; por el contrario, es muy casero y nunca tiene problemas de salud. Algunos ejemplares, sobre todo los machos, pueden presentar problemas de urea, por lo que se aconseja proporcionarles una dieta baja en purinas.
Un dato curioso relacionado con el Dálmata es que en Estados Unidos es la mascota oficial de los bomberos. Es raro el parque de bomberos donde no hay uno o varios Dálmatas.
En general, el Dálmata vivie unos catorce años. Como en la mayoría de las razas, el macho es más independiente y la hembra más apegada, pero la diferencia no es muy acusada.
Disfrutemos de nuestros Dálmatas durante toda su vida, que es muy fructífera, provechosa y relajante. |
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